Besos de quincena
Aquella noche la lira de Morfeo no surtía efecto sobre Carmen. Estaba desvelada y no paraba de darle vueltas a los distintos asuntos que habían acontecido durante la semana. El peso de llevar la casa sola ocupando el papel de madre y padre no era tarea fácil; la pequeña se sobrellevaba pero los otros dos, los varones, sólo entendían el jarabe de palo. Aún así no se quejaba de su suerte, tenían un techo donde vivir; si bien estaban de prestado en una casa propiedad de su suegro compartida con su cuñado, su mujer y la tres hijas pequeñas del matrimonio. En total diez personas… una multitud por grande que fuese la vivienda. - Iros a vivir a mi casa que está vacía y es grande: la mitada para cada uno, les dijo su suegro cuando echaron a sus hijos del cortijo del Jefe, quedándose sin jornal. Pese a que la madre de Carmen ya le había advertido que lo de compartir casa traería miga, no se podía permitir seguir con el alquiler de aquella casa que fue su nido d...
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