Memorias del Pasado.









 

Este blog es el resultado de un proyecto que lleva algún tiempo rondando por mi cabeza. Es un homenaje a mis ancestros, a su legado, a sus sacrificios, en definitiva, a su memoria.

Tengo grabadas a fuego en mi mente las palabras de mi abuela materna cuando en uno de sus ingresos hospitalarios fruto de los achaques de la vejez, ante la inminencia de una operación que se hacía compleja por sus 97 años de edad y consciente de la posibilidad de que se acercara el fin de su existencia en este mundo nos dijo:

-¡Se acabó Carmen “la Pajarita”¡ , ese era su mote y así es como la conocían todo los vecinos de su pueblo.

Esa frase unida a otras tantas que repetía con asiduidad como : “En una vida hay muchas vidas” o “Qué pena de no saber leer ni escribir, sino ya habría escrito un libro”, me hicieron comprender que a mi abuela no le apenaba tanto perder la vida, como que se perdieran sus vivencias, su historia. Y es que a lo largo de sus casi cien años, a Carmen le tocaron vivir tiempos convulsos,  tiempos de guerra, de miseria, de cambios, a los que tuvo que hacer frente con grandes dificultades.

En este espacio pretendo recoger  todas esas historias  que contó tantas veces mientras hacía ganchillo. Son historias de mesa camilla y de tardes de invierno en familia. Son todas esas “vidas” contenidas en una sola, la suya, que eran repetidas como mantras, como letanías que daban sentido a su existencia, narradas desde un “ahora” que se le antojaba insoportable por las limitaciones propias de su edad y su talante inquieto.

Las contaba con el aplomo del que viene de vuelta de todo, como si las desempolvara, haciéndolas nuevas al oído. Cada capítulo era una ventana abierta que permitía al oyente asomarse a otros tiempos. Tiempos  duros en donde la felicidad se encontraba en el contento de lo sencillo y que forjaron la vida regalada que hoy disfrutamos. Esa sociedad del bienestar de la que se nos llena la boca y que para algunos  parece nacida de la nada.

He tratado de hacer  una reproducción  lo más fiel posible de los relatos de mi abuela aunque con adornos y matices de mi cosecha. Los diálogos no son literales, (la memoria no permite una recreación con tal grado de exactitud), sino que son el desarrollo de los extractos de las historias verbalizadas. Tampoco citaré  los nombres reales de sus protagonistas (en especial de aquellas personas ajenas a mi familia), pues por el hecho de  no estar en este mundo, no han perdido el derecho a  preservar su intimidad.




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